José Venegas: «La estabilización de 2019 fue juiciosa, bien acotada y correcta, lo que vino después no»

Jun 28, 2024 | Destacados, Panorama Energético

Ex secretario ejecutivo de la CNE, analiza con ELECTROMINERÍA la actual coyuntura por el precio a clientes regulados, así como los desafíos regulatorios del sector.

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Su visión respecto a la acutal coyuntura de las tarifas eléctricas a clientes regulados, cuyas alzas deben materializarse desde el 1 de julio, entrega a ELECTROMINERÍA, José Venegas, ex secretario ejecutivo de la Comisión Nacional de Energía (CNE) durante la implementación y promulgación de la primera Ley de estabilización de precios, en el contexto del estalldo social de fines de 2019.

Según su análisis, la primera de esta normativa fue realizada juiciosamente, en el marco de la crisis de la pandemia del Covid, lo cual posteriormente perdió su brújula.

Precios

¿Cómo está viendo la actual discusión en torno a las tarifas eléctricas a clientes regulados?

La estabilización tarifaria que se hizo en noviembre de 2019 (conocida como Ley PEC) fue una solución que se esperaba resultara transitoria para paliar los efectos de la devaluación del peso chileno que derivó de la incertidumbre económica generada por el estallido social. El dólar que se dejó congelado en las tarifas a esa fecha era de $640  y la Ley PEC fue diseñada para resistir un alza de tipo de cambio hasta los $750, consecuente con una deuda financiera máxima acumulable de US$1.350 millones. La Ley PEC no hace magia, y no puede, obviamente, resistir una devaluación de la magnitud que hemos observado después. Cuando el nuevo gobierno asumió en 2022, principalmente por la sostenida devaluación que se seguía presentando (muy por arriba de los $750 ) el fondo se copó precisamente en los primeros meses de 2022.  Creo que en ese momento, cuando todavía la acumulación de deuda no superaba los US$1.500 millones, debió regularizarse la situación y sincerar el problema. Y no esperar dos años más a que el dólar se mantuviera cercano a $1.000 y la deuda llegara a US$6.000 millones. Este no es un problema ya de tarifa eléctrica, es un problema de situación país, la misma que ha duplicado el precio de las bencinas en el mismo período.

Creo que, sin perjuicio de que es acertado regularizar de una vez la situación y transparentar los costos reales, esto se debió hacer mucho antes y no esperar a acumular la deuda que existe hoy. Reitero. Esto no es un problema de regulación del sector energía, esta espera y su costo es el costo del deterioro económico que ha sufrido el país en estos años y de la demora en reconocerlo.

¿Qué le parecen las críticas que han surgido ahora en torno a los mecanismos de estabilización de precios?

Ya está dicho. Creo que cuando en Santiago se quemaban iglesias y casi no nos atrevíamos a salir a la calle por los disturbios y la destrucción, y el dólar escalaba rápidamente, era imposible transferir inmediatamente esa devaluación a los precios regulados.  La Ley PEC fue juiciosa (ojo, se hizo para evitar un alza de sólo 9%), y sirvió además (no estaba obviamente en el propósito original) para ayudar a paliar después la Pandemia de Covid en 2020 y 2021. Pero era algo que, de no haberse deteriorado la economía del país, podía haberse solucionado como fue planeado.  La moneda chilena es la segunda más devaluada en Latinoamérica. Si el dólar no hubiera llegado dónde llegó, la estabilización del PEC habría funcionado perfectamente. Otra cosa es haber insistido el 2022 en seguir con ello cuando ya parecía claro que el país estaba reaccionando económicamente muy mal a lo sucedido y el dólar seguía imparable subiendo. Hasta hoy.

La estabilización de 2019 fue juiciosa, bien acotada y correcta, lo que vino después no.

A partir de lo ocurrido, algunos sectores han cuestionado el papel de las energías renovables para bajar los precios, ¿qué le parece esta afirmación?

La culpa no es de las energías renovables.  Reitero, entre los $640 previos a la estabilización y los casi $1.000  que hemos visto recientemente, hay casi un 60% de devaluación de nuestro poder adquisitivo y deterioro de nuestra economía.  Nada puede contrarrestar eso.

Las tarifas en dólares reales han seguido la curva esperada, incluso pese a las alteraciones transitorias de la guerra de Ucrania y los picos de alzas de combustible. Las centrales renovables siguen generando a costo cero, y sus costos de inversión, en dólares, no han subido grandemente. Es verdad que han surgido otros problemas, pero la promesa de energías limpias y más baratas se mantiene, claro, en dólares reales. Otra cosa es que eso resulte caro para el país más pobre que hoy somos.

A su juicio, ¿Qué otra medida se requiere para presionar a la baja los precios de las tarifas a los clientes finales (regulados y libres)?

No creo que hoy haya que presionar a la baja las tarifas para los clientes regulados y libres en moneda real.  Ellas se ubican más o menos donde deben, considerando que el sistema debe promover la inversión en almacenamiento para que podamos sustituir la generación térmica. Creo que en términos de dólares reales, no estamos tan lejos de tender a precios medios con generación renovable y almacenamiento muy distintos de los que estimábamos en 2017, lo que pasa que eso ahora parece más caro en pesos.

Es evidente que en el mundo las tecnologías renovables y de almacenamiento seguirán bajando los costos de inversión, y en los próximos años seguiremos reduciendo nuestra dependencia de la generación térmica.  Todo eso no ha cambiado, y los equilibrios de precios que derivarán de ello, insisto, no son significativamente distintos a los que estimamos en 2017 o 2018.

Según su perspectiva, ¿Cuáles son las prioridades regulatorias que se deben abordar actualmente en el sector eléctrico?

Creo que en este momento una de las cosas más urgentes es retomar la señal de localización en las inversiones en transmisión. No es posible que sigamos repitiendo que hay que hacer más y más grandes y caras líneas de transmisión para usarlas un tercio de las horas del día.  Eso ocurre porque la ley de 2016 socializó a todo el mundo el pagó del sistema troncal, y hoy los consumidores no ven realmente el costo de que la generación se ubique lejos de los consumos. Debemos volver a aquello, entre otras cosas para que se pueda poner en valor el que la generación se instale cerca de los consumos. Más generación distribuida, sin subsidios, pero con su valor real de evitar hacer más líneas de transmisión gigantescas y subutilizadas.

También debe avanzarse más rápido en una ley definitiva para la distribución, justamente que permita más libertad de decisión a los clientes y más servicios de red. Seguimos con una normativa de distribución antigua, que no ve cómo planificar, operar y tarificar el sistema de distribución de manera que sirva a la instalación de generación y almacenamiento distribuidos.

Y, finalmente, hay que retomar también todo lo que significa medición inteligente, que fue absurdamente rechazado en tiempos de exaltación irresponsable. El mundo avanza hacia la inteligencia artificial y nosotros todavía usamos medidores eléctricos del siglo pasado.

¿Qué desafíos pendientes advierte para la adaptación de la industria a la transición energética?

Creo que uno de los grandes desafíos es seguir manteniendo la independencia de algunos segmentos de la industria.  Hoy veo mucha tendencia, incluso avalada por algunas autoridades, para permitir de nuevo la integración de los segmentos de generación con transmisión o distribución.  Creo que en los momentos actuales eso sería nefasto. Todas las razones para impedir que haya integración y que promovieron separar los segmentos en la década del 2000 siguen vigentes y han aparecido incluso más.  Hoy lo que necesitamos es lo contrario, propiciar que más agentes distintos aparezcan administrando nuevos servicios como el almacenamiento o la generación distribuida, y no hacer el camino de vuelta a grandes monopolios que administrarían el futuro de servicios sólo para su beneficio.

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