No todo atraso es permisología: la deuda deejecución de los proyectos energéticos en Chile
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La permisología se ha convertido en una explicación cómoda para los atrasos de los proyectos energéticos en Chile. A veces es correcta. Otras veces funciona como una coartada. Los plazos ambientales, la superposición de organismos y la incertidumbre regulatoria son problemas reales. Pero atribuirles prácticamente cualquier desviación evita una discusión más incómoda: muchos proyectos también se atrasan por decisiones tomadas, o postergadas, dentro de las propias empresas.
La magnitud de la cartera energética obliga a enfrentar esa discusión. Al 29 de mayo de 2026 existían 20 proyectos de almacenamiento stand-alone en evaluación ambiental, equivalentes a 4.045 MW, 21.164 MWh y una inversión estimada de US$4.176 millones. Al mismo tiempo, el Coordinador Eléctrico Nacional ha identificado vertimientos renovables del orden de 6.000 GWh anuales. Chile necesita almacenamiento, transmisión y flexibilidad operacional con urgencia. Pero anunciar proyectos, obtener permisos o iniciar obras no equivale a poner activos en operación.
Entre la aprobación y la puesta en servicio existe una etapa donde muchas iniciativas pierden control. En mi experiencia, los problemas rara vez aparecen de un día para otro. Se acumulan desde el inicio: alcances incompletos, ingeniería poco madura, fechas comerciales convertidas en cronogramas, contratos fragmentados e interfaces que nadie gobierna realmente.
Durante meses, el proyecto puede mantener una apariencia de normalidad. Hay reuniones, curvas de avance, matrices de riesgo e informes de colores. Sin embargo, cuando comienza la construcción o se acerca el comisionamiento, aparecen modificaciones de ingeniería, suministros fuera de secuencia, interferencias no resueltas, trabajos repetidos, adicionales contractuales y decisiones que debieron tomarse mucho antes.
En ese momento resulta conveniente responsabilizar al permiso tardío, al proveedor o al contratista. Pero muchas veces el problema principal estaba dentro del modelo de gestión. Uno de los errores más frecuentes es administrar un proyecto energético como una suma de contratos independientes.
La ingeniería, las obras civiles, los equipos, la subestación, las protecciones, las comunicaciones, el Scada y el comisionamiento pueden tener responsables distintos, pero forman un solo sistema. Cuando nadie controla las interfaces, todos pueden demostrar que cumplieron su contrato y, aun así, el proyecto completo puede atrasarse o fracasar.
En los sistemas BESS este riesgo es especialmente visible. No basta con instalar contenedores de baterías. El desempeño depende de la integración eléctrica, los sistemas de control, las telecomunicaciones, las protecciones, la seguridad contra incendios, las garantías y la estrategia operacional. Un proyecto puede estar físicamente terminado y seguir lejos de estar preparado para operar.
También debemos sincerar la planificación. Muchos cronogramas se construyen hacia atrás desde una fecha comercial, sin considerar adecuadamente la madurez de la ingeniería, los suministros, las restricciones del sitio ni las pruebas necesarias. Cuando eso ocurre, el cronograma deja de ser una herramienta de control y se transforma en una declaración de optimismo.
La solución no es agregar burocracia. Es exigir una gobernanza de ejecución más rigurosa: no autorizar etapas críticas sin madurez suficiente, integrar ingeniería, suministro, construcción, conexión y comisionamiento en una sola planificación, asignar responsables a cada interfaz, controlar el impacto acumulado de los cambios y preparar la operación antes de finalizar la construcción.
Los riesgos también deben dejar de ser una matriz decorativa. Un riesgo sin responsable, plazo, costo potencial, mitigación y señal de alerta no está siendo gestionado. Solo está escrito. El Estado puede y debe mejorar la permisología. Pero eso no exime al sector privado de su responsabilidad fundamental: ejecutar lo que promete. Seguir presentando como problemas externos, lo que en realidad son deficiencias internas ya no es sostenible.
La transición energética no necesita solamente más proyectos aprobados. Necesita menos optimismo declarado y mucha más disciplina operativa.












